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Lleno en Sol

El Sr. Monedero se apresuró a retirar este “Tweet” cuando se percató de haber utilizado las portadas matutinas de los diarios para increparles la no publicación de un hecho sucedido en la tarde del día de autos; le faltó tiempo para calificarlos de “medios basura” (suponemos que la información verz y la auténtica democracia vienen proporcionados desde La Tuerka) y también de que se atribuyese la culpabilidad de la omisión a la “gente”, si bien no  entiendo en absoluto qué quiere decir con eso.

Por si fuera poco, enuncia el podemita que la tercera fuerza del Parlamento llena la Puerta del Sol; una verdad a medias, pues si bien es cierta la primera parte -en números Podemos representa la tercera fuerza política- lo de “llenar” la Puerta del sol es un eufemismo, mal que le pese a los esfuerzos del Sr. Iglesias para que no fuese así. Efectivamente, se trató de conseguir un respaldo popular masivo, no conseguido pese a fletar autobuses -supongo que pagados con dinero venezolano- desde diferentes partes de España para evitar un sonoro fracaso. El Sr. Ojeda se lo explicó con su gracejo Andaluz: Cinco mil personas en Sol y veinticuatro mil en Las Ventas, tampoco los diarios se hicieron eco en primera página del lleno taurino, seguramente la indiferencia es más rentable a los aficionados, que pueden ver prohibida la fiesta en nombre de la libertad que nos imponen las formaciones emergentes.

El Muro (II)

La fotografía se cree que es del año 1.975; respecto a la publicada hace escasas fechas, realizada en la primera década del pasado siglo, las diferrencias son notables. El “boom” de la construcción, de una especulación inmobiliaria que terminó con la belleza natural de una playa única, ahogardon el “martillo” de Capua entre edificaciones de pésimo gusto, bajo coste, gran margen comercial para las empresas constructoras que además, crearon la necesidad entre la ciudadanía, de poseer un trozo de planta en un inmueble con vistas al mar. Fue el triunfo de la propiedad horizontal frente a la obra de Mariano Marín, responsable de su construcción, iniciativa de Alejandro Alvargonzález, y se quedó ahí, estorbando un tráfico rodado en aumento que terimón por pedir -inexplicablemente- su demolición. Está bien donde está, recordándonos a todos el triunfo del buen gusto sobre la especulación, aunque quede empequeñecido dentro de una ciudad especialista en devorar sus propios espacios naturales.

Arturo Fernández

Yo soy consciente de lo poco que le gusto a Podemos, y lo entiendo, porque ellos a mí me gustan menos”. Arturo Fernández no tiene pelos en la lengua a la hora de defender tanto su trabajo como su postura ideológica. Ante las críticas manifestadas por el concejal Orlando Fernández, de Xixón Sí Puede, por las seis representaciones que ofrecerá en el Teatro Jovellanos, el actor gijonés instó a la formació morada a revisar las cifras de sus anteriores espectáculos. “Aquellas compañías que actúan dos o tres días van a caché y no quieren ir a taquilla más de ese tiempo porque es exponerse, ya que el teatro actualmente no va bien. Esto es lo primero que tenían que haber averiguado”, apuntó Fernández.

“Me pregunto quiénes son estos para decidir lo que tiene que ver y hacer con su dinero el público”, cuestionó. Así, lanzó una pregunta retórica: “¿Quién tiene que ir al Jovellanos? ¿Los titiriteros de Madrid que hacían apología del terrorismo de ETA? Seamos serios”. Asimismo, aseguró que la marca local de Podemos quiere “acabar con la libertad de opinión, como buenos comunistas stalinistas que son“.

No lei en profundidad el problema de nuestro popular gijonés con la organización del Teatro Jovellanos, pero da la sensación de que las trabas surgen en función del interés “kultural” quie tenga la obra en cuestión; así, mientras ciertas propuestas tienen vía libre para desarrollar sus proyectos, otras se ven sometidas a una vigilancia más estrecha por quienes reparten carnets de intelectualidad. Arturo Fernández -el actor- llevó a su Gijón y su “chatina” como estandarte de una asturianía bien entendida y, considerando la edad y trayectoria del personaje, debería facilitársele al máximo su trabajo en nuestra ciudad. El interés de ciertos colectivos por el tipo de representación que favorezca un adoctrinamiento mal entendido, retrata la verdadera catadura democrática de quienes se autoerigen en salvadores de la libertad, empezando por la de expresión, que en general, no suelen respetar ellos mismos.

Plaza del Marqués

La Plaza del Marqués en Gijón hacia 1.898, hace casi ciento veinte años, con la misma estatua de Pelayo, el viejo Palacio de Revilllagigedo, antes de que la fachada de la torre más próxima fuese destruida durante la Guerra Civil, la garita del guardia y un kiosco, que ya no existen. La parte trasera de un carro se deja ver en el borde derecho de la imagen, de aquellos se localizaba un buen número en las proximidades de la rula y duraron tanto tiempo que aún los guardo en el recuerdo de una niñez que está cada vez más lejana y más borrosa.

Salón Erótico de Madrid

Salón erótico autorizado por la Sra. Carmena, en el que se caricaturiza a los políticos en actitudes inequívocas con alguna particularidad técnica, como el sado-maso de Susana o el onanismo de Pablo. Es difícil discernir donde termina la libertad de expresión para empezar el insulto; uno, que es liberal reconocido, no encuentra de buen gusto las imágenes, pero tampoco me parece que atenten contra el honor o la integridad de nuestros próceres; no faltando quien se escandalizó, a mi me llevó a esbozar una media sonrisa, faltando la otra mitad por el trazo grueso de la broma. Que les vaya bonito.

La CUP distribuye una caricatura del alcalde de Tarragona y un diputado del PP sodomizándose

Hay hechos que se califican por sí solos y en los que sobra todo comentario. La doble vara de medir, herramienta extraordinariamente útil entre el progresismo militante, permite el humor de trazo grueso sobre todo aquello que resulta políticamente incorrecto por no adscribirse al pensamiento único, lógicamente propio de morados y adláteres. Reflexionen ustedes un minuto sobre el resultado de realizar una caricatura similar con el Sr. Iglesias y Echenique, y claro, que el responsable de la chanza fuese un partido político y no una publicación satírica. Curiosa forma de ejercer la libertad, aunque sea la de expresión.

Marta Ferrusola

Es difícil ser justo con el castigo que merece quien se aprovecha del dinero ajeno, público o no, porque al privar de libertad a un delincuente, estamos poniendo precio a la vida. No parece muy lógico ser condenado a doce años de prisión por un homicidio y a veinte por apropiarse de fondos públicos, aún con premeditación, alevosía y los agravantes que el Derecho pueda añadir al ilícito penal. Sin embargo, en el caso particular de Dª Marta, al robo -sea legalmente correcto el término, o no- hay que añadir la tomadura de pelo, el desprecio y el desdén con que trató a todos sus compatriotas. Empezando por la mentira -afirmó no haber dispuesto en su vida de cuentas en bancos andorranos- y siguiendo por su famoso “no tenemos ni cinco”, llegamos a un final en el que hizo amasar a su familia decenas de millones de euros mientras Cataluña precisaba ayudas del gobierno central para aliviar los apuros de una población que, como el resto de España, se vio sacudida por la crisis. Jordi Pujol jr. coleccionaba un elevado número de automóviles de altísima gama y declaraba con increíble soberbia sobre el particular, movió ingentes cantidades de dinero después de haber sido imputado y la familia, en general, pasó años sin que el verdadero peso de la ley cayese sobre sus cabezas. Todo esto me produce dolor de tripas, me revuelve, resulta repugnante y apetece desear a esta caterva de delincuentes, penas ejemplares. Después, le viene a uno a la cabeza eso de que vivimos en un Estado de Derecho, y se da cuenta de que la visceralidad es mala compañía de una valoración ponderada. Así que, desde este humilde espacio, solo deseamos a la madre superiora, al abad y al conjunto de monaguillos una condena justa, en caso de ser encontrados culpables, y un cumplimiento íntegro de la misma, en idénticas condiciones que los reclusos comunes. Probablemente sea demasiada la fe que aún conservo, tanto en la especie humana, como en la clase política, pero, como reza el refrán, la esperanza es lo último que se pierde.